Empieza por la cafetera que ya tienes.

No necesitas cambiar la cocina para probar un café distinto. Una italiana, una prensa francesa o un filtro pueden ser tu punto de partida. Lo que sí importa es elegir una molienda adecuada para tu método.

En grano, si puedes molerlo.

Si tienes molinillo, pide café en grano y muele la cantidad que vas a preparar. Si no, elige la opción de molienda que corresponde a tu cafetera. No dejes que la falta de equipo te quite las ganas de empezar.

Dale una oportunidad al primer sorbo.

Antes de añadir azúcar o leche, prueba un poco. No por obligación: por curiosidad. Fíjate en el aroma, en cómo se siente en la boca y en lo que te recuerda. Después, prepáralo como más te guste.

Cambia una cosa cada vez.

Si la taza no te convence, juega con una variable: cantidad, molienda o tiempo. Anotar lo que has hecho te ayudará más que perseguir una receta perfecta. Tu paladar también aprende con cada taza.

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